¿Puede tu ciudad generarte asombro? La ciencia dice que sí

¿Cuándo fue la última vez que algo te dejó sin palabras? Ese «wow» interior que te hace sentir pequeño y, al mismo tiempo, parte de algo más grande. Eso es el asombro. Y la ciencia dice que necesitamos más de él en nuestra vida cotidiana, incluso en el medio de la ciudad más agitada.
Lo que dice la ciencia
El Greater Good Science Center de UC Berkeley viene estudiando el asombro como una emoción con poderes transformadores. En un experimento reciente explorado en el podcast Science of Happiness, investigadores convirtieron un simple espacio de estacionamiento en un «parklet»: un pequeño rincón verde y social en medio de la calle. El resultado fue revelador. Quienes pasaban por ahí no solo se detenían más, sino que comenzaban a hablar con desconocidos, a mirar su entorno con otros ojos y a experimentar ese estado de asombro que amplía nuestra percepción del tiempo y del espacio.
El asombro activa en nuestro cerebro lo que los investigadores llaman «vastas experiencias» (vast experiences), que nos hacen sentir parte de algo mayor que nosotros mismos. Esta emoción reduce el egocentrismo, promueve la generosidad y fortalece el sentido de pertenencia. En pocas palabras: el asombro nos hace mejores personas, más conectadas y más felices. Y lo más sorprendente es que no necesitás ir al Himalaya para encontrarlo.
Por qué importa para vos
Vivimos corriendo. El trabajo, las obligaciones, el celular, las noticias: todo nos empuja a funcionar en piloto automático, con la cabeza baja y el corazón apagado. La ciencia del asombro nos recuerda que pequeñas intervenciones en nuestro entorno cotidiano pueden cambiar radicalmente cómo nos sentimos y cómo nos relacionamos con los demás.
Los estudios muestran que las personas que reportan más momentos de asombro durante la semana son más generosas, más empáticas y tienen mayor bienestar emocional. Cuando el tiempo parece expandirse —ese efecto característico del asombro— tomamos mejores decisiones, somos más creativos y nos sentimos más presentes. Una plaza bien diseñada, una obra de arte callejera, incluso una planta en tu escritorio pueden generar ese efecto. El asombro está más cerca de lo que creés.
Qué podés hacer hoy
- Cambiá tu recorrido habitual. Elegí una ruta diferente al trabajo o al hacer mandados y prestá atención a algo que nunca hayas notado antes: una fachada, un árbol, el color del cielo a esa hora del día.
- Creá un «rincón de asombro». Sumá a tu espacio de trabajo o en tu hogar algo que te inspire: una foto de un paisaje, una planta, un objeto de la naturaleza que te recuerde que sos parte de algo más grande.
- Llevá un diario de asombro. Dedicá 5 minutos antes de dormir a anotar algo que te generó asombro durante el día, por pequeño que sea. La ciencia muestra que este hábito simple eleva el bienestar en pocas semanas.
El asombro no es un lujo ni algo reservado para los viajes exóticos. Es una capacidad humana que podemos entrenar y cultivar, incluso en la ciudad más gris o en la semana más agitada. Como coach, te invito a redescubrir esa capacidad de maravillarte con lo que te rodea. Ese asombro es el primer paso para una vida más conectada, más plena y más significativa. Si querés profundizar en estas herramientas de psicología positiva para tu vida o tu organización, en Inwork Consultores podemos acompañarte. ¡Contactanos acá!
Fuente: Greater Good Science Center, UC Berkeley (greatergood.berkeley.edu)
